Noche

Recuerdo hace años,
alguien me dijo que debería andar con cuidado
cuando llegase el amor, lo hice.

Hace frío. Camino porque ya no hay nada más que hacer, mi cabeza da vueltas, tal vez sea producto de las copas que bebí hace pocos minutos, lo ignoro. Está oscuro, cada vez más oscuro. Al parecer el cielo va a caerse dentro de poco y yo ya no le temo a nada. Qué le puede suceder a un cuerpo al que ya nada lo guía, nada más que el puro instinto cual animal salvaje, un cuerpo cualquiera que divaga, justo después de haber perdido su humanidad.
No quiero preocupar a mamá. Y ya he hablado del mismo maldito tema con diferentes personas, pero joder... aún no he hallado una respuesta a lo que tanto busco, una solución, una salida, un buen reemplazo. No. Mi mente hace de las suyas cada vez que puede.

Y tú eras fuerte, y yo no,
mi ilusión, mi error,
yo era descuidado, lo olvidé, lo hice.

Y ahora, cuando todo se ha acabado,
no hay nada que decir,
tú te has marchado, y tan fácilmente
has ganado,
puedes seguir adelante, cuéntaselo,
cuéntales todo lo que sé ahora,
grítalo desde los tejados,
escríbelo en el horizonte,
ahora, todo lo que teníamos ha desaparecido,
cuéntales que yo era feliz,
y mi corazón está roto,
todas mis cicatrices están abiertas,
cuéntales que aquello en lo que tenía esperanzas, era
imposible, imposible,
imposible, imposible.

Alguien llama a lo lejos, y creo reconocer esa calidez, esa dulzura. Me dirijo en automático hacia el lugar donde se origina la voz. Ahora mismo podría morir de felicidad. Lo que sientes, o crees sentir, está mal, debes hacerle caso a tu lado racional, por favor... Me equivoqué, no era quien creía, aun así, sonrío como si ya no hubiera un mañana para mí. Y, quizás, solo quizás, no esté tan equivocada. Vine a este nuevo lugar hace tan poco, lo último que recuerdo es a mamá felicitándome porque había alcanzado algo que... ya no recuerdo que era. Y detengo mis pasos a pesar de la enorme protesta de mi acompañante. Me detengo. Solo para ver mi muñeca derecha... oh, ¡hola mamá! ahí estás, conmigo como siempre. Mi sonrisa se hace más grande al notar que mi acompañante se ha convertido en un mayor grupo, y ahora andando, sí... andando.

El frío se ha ido, así como mi tristeza y en parte lo agradezco. ¿Cómo pudiste renunciar a llevar una vida normal, y amarme a mí?.. yo tengo al lado a alguien a quien amo, y no puedo renunciar a su amor por ti... Todos reímos y el bullicio alrededor mío es casi ensordecedor. A la mierda el pasado, por esta noche, a la mierda las promesas incumplidas, ¿para qué haces una promesa si no eres capaz de cumplirla? Todos los que te quieren y queremos le damos gracias a Dios por dejarnos saber de ti cada día, prometo que estaré contigo pase lo que pase, aunque quizá ya no físicamente, pero lo estaré espiritualmente... Palabras soeces vienen y van, risas de la nada también, al pasar entre vidrios comerciales, el brillo de nuestros ojos nos delata.

Sueño, somnolencia. Pero ellos no dejan que mi cuerpo caiga y dé contra el duro asfalto. Altas bocinas, luces neón que anuncian que algo bueno está por llegar. Quizá a la vuelta de la esquina, la iluminación es tan potente que me deja leer que nos encontramos en el cruce de Washington Avenue con la calle 13, genial. Y ante mis ojos, una antigua mansión muy colorida, que resalta “Icon” nos da la bienvenida.

***
Blanca, tan blanca como lo era su sonrisa, sonrisa de gato de Chessire que solo yo comprendía, sonrisa acompañada de un peculiar lunar; una fina línea blanca, acaba de desaparecer entre mis fosas nasales. Y la energía viene a mí casi de inmediato. A los cinco minutos, el tío Vicente taladra mis oídos con una de sus rancheras, una que creo recordar...

Su fantasma ya no me atormenta como antes, su recuerdo ya no martiriza mis días, como lo hizo durante dos meses casi seguidos. Mi habitación está tan lejana ahora Quiero que compremos una casa en Miami, pronto... y oh, casualidad, estoy en ese lugar justo ahora... la vida me ha traído muy lejos. Antes de que me dijera que no, mamá estaba tan orgullosa de mí por mis logros. Hoy hace frío, pero ya no lo siento, ya no está y no extraño su presencia en mis días. Lo único que sé ahora, es que mi lengua está entumecida, tanto que ya no puedo articular su nombre, el cosquilleo en mi paladar es constante. Y río, todo me da risa excesiva. Quizás haya llegado a mi límite esta noche. Dios y yo siempre estaremos a tu lado, no importa lo que pase... Sin embargo, cuando suena el coro de la canción y todos cantamos a todo pulmón, una lágrima rebelde se escabulle de mi ojo izquierdo. Me cuesta recordar su cara, cada vez más; el sonido de su risa o su voz, se han perdido con cada una de las horas. Y me siento libre, porque después de todo, no quedó como lo que yo quería «Un amor platónico», se lo dije, aunque no a la cara, pero lo supo. Y ya no hubo marcha atrás desde ese día. Día en el que nuestra cercanía terminó, para siempre.

Desde ese día, los eclipses no son más que fenómenos astronómicos, la luna es solo eso, un satélite de la tierra y el sol, el sol apagó su brillo por un tiempo indefinido. Me pesa cada parte del alma que ya no tengo y sí, esta noche aprendí que las promesas se hicieron para no cumplirse.

Desenamorarse es duro,
desenamorarse porque te traicionen es peor.
Confianza rota y corazones rotos,
lo sé, lo sé,
pensar que todo lo que necesitas estás allí,
construir la fe en el amor,
y las palabras llevarán promesas vacías, lo sé.

Lo sé, y ahora que todo se ha acabado,
no hay nada que decir,
y si has terminado de avergonzarme,
a tu aire, puedes seguir adelante, cuéntaselo,
cuéntales todo lo que sé ahora,
grítalo desde los tejados,
escríbelo en el horizonte,
ahora, todo lo que teníamos se ha acabado,
cuéntales que yo era feliz,
y mi corazón está roto,
todas mis cicatrices están abiertas,
cuéntales que aquello en lo que tenía esperanzas, era
imposible, imposible,
imposible, imposible.

Tal vez siga mi camino así, hasta que mis heridas sanen. Tal vez llegue a una sobredosis; a morir con tanto alcohol en mis venas, siempre con la única esperanza de que mi última copa, haya sido un brindis, nuestro.

Recuerdo hace años,
alguien me dijo que debería andar con cuidado
cuando llegase el amor, lo hice.

Impossible (James Arthur)

De “El efecto mariposa”
LCF

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Razel Fernández
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