La princesa que no amaba a nadie

Érase una vez, una princesa muy bella. Tan resplandeciente como las estrellas en una noche sin luna. ¿Pero de qué le servía la hermosura? De nada. No le servía de nada. Porque era una princesa que no quería a nadie y a quien no le importaba el amor, a pesar de que muchos la amaban.

El rey, su padre, le dijo a la princesa que debía casarse y poco después, llegó un príncipe de un reino vecino y vio a la princesa, y nada más verla, se enamoró de ella. El príncipe le entregó un anillo de oro puro, se lo puso en el dedo y le dijo estas palabras: “Te quiero”. Y en seguida, la princesa se tragó el anillo. Se lo quitó del dedo y se lo tragó. — Esto es lo que opino del amor —dijo y se alejó corriendo del príncipe. Se marchó del castillo y se adentró en el bosque, perdiéndose en él. Vagó durante muchos días. Por fin, llegó a una cabaña y llamó a la puerta. —Déjame entrar; Tengo frío —dijo. No contestó nadie. La princesa volvió a llamar —Déjame entrar; tengo hambre —Le contestó una voz terrorífica. La voz dijo —Entra si has de entrar — La bella princesa entró, y vio a una bruja que, sentada a una mesa contaba monedas de oro.


— Tres mil seiscientas veintidós —dijo la bruja.
— Me he perdido —dijo la bella princesa.
— ¿Y qué? —dijo la bruja. —Tres mil seiscientas veintitrés —
— Tengo hambre —dijo la princesa.
— No es asunto mío —dijo la bruja. — Tres mil seiscientas veinticuatro —
— Pero soy una bella princesa —respondió.
— Tres mil seiscientas veinticinco —replicó la bruja
— Mi padre —dijo la princesa —es un poderoso rey. Si no me ayudas atente a las consecuencias —
— ¿Consecuencias? —Dijo la bruja. Levantó la vista del oro. Miró fijamente a la princesa. — Osas hablarme a mí de ¿Consecuencias? Muy bien, pues entonces, hablaremos de consecuencias: dime el nombre de tu amado —
— ¡Amor! —Exclamó la princesa. Estampó un pie contra el suelo. —¿Por qué tiene que hablar siempre de amor todo el mundo? —
— ¿A quién amas? —Insistió la bruja. — Debes decirme su nombre —
— No amo a nadie —contestó con orgullo la princesa.
— Me has decepcionado —dijo la bruja. Levantó la mano y añadió una sola palabra: ‘Chinchately'. Y la bella princesa se convirtió en un jabalí.
— ¿Qué me has hecho? —Chilló la princesa.
— A ver qué opinas ahora de las consecuencias —Dijo la bruja, y se puso a contar otra vez sus monedas. — Tres mil seiscientas veintiséis —dijo, mientras la jabalí princesa salió corriendo de la cabaña y regresó al bosque.

Los hombres del rey también andaban por el bosque. ¿Y a quién buscaban? A una bella princesa. En cuanto se toparon con un feo jabalí, le dispararon ¡Pum!

Los hombres llevaron el jabalí al castillo, la cocinera le abrió el estómago y se encontró el anillo de oro puro. Aquella noche, había mucha gente hambrienta en el castillo y todos esperaban que les dieran de cenar. Así que la cocinera se puso el anillo en el dedo y terminó de cortar el jabalí. Y el anillo que la bella princesa se había tragado, brillaba en el dedo de la cocinera mientras trabajaba. Fin.

- De quien no es para nada una princesa, ni lo será nunca tampoco, pero que, en lo profundo de su corazón aún tiene la esperanza de no terminar sus días como la protagonista del cuento.

“Porque una historia sin amor, no puede tener un final feliz”

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Razel Fernández
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