La gran farsa electoral

A menos de siete días para el cierre de las inscripciones para el proceso electoral 2018, que elegirá representantes en los gobiernos regionales y municipales de todo el país. La realidad para la región Ayacucho no podría ser menos esperanzadora. Se han realizado “elecciones internas” en al menos 12 organizaciones políticas, lo curioso es que en muchos casos no hubo posibilidad de optar, ya que se presentaron listas únicas.

Para muchos este proceso electoral interno es amañado, las candidaturas habrían estado arregladas y no se trató de un proceso democrático, sino de una imposición autoritaria de ciertos grupos de interés dentro de las organizaciones políticas.

Este argumento se sostiene en el hecho de que muchos de los supuestos “precandidatos” vienen haciendo campaña desde hace ya buen tiempo. ¿Para qué hago campaña si aún no soy candidato? Ojo los afiches y pintas en diversas zonas de las urbes ayacuchanas no han estado dirigidas a ganar los comicios internos, sino directamente a la elección del 7 de octubre.

¿Cómo sabían Rúa, Richard Prado, etc., que iban a ser candidatos? La reciente denuncia de Ernesto Molina Chávez, ex gobernador de Ayacucho sobre una supuesta “compra de candidatos”. Llama la atención sobre cómo se mueven las candidaturas a nivel regional. Se trata de copar espacios, asegurar bolsones electorales. Un ajedrez que juegan no sólo los estrategas de las organizaciones políticas, sino algunas empresas dedicadas a proveer al Estado.

El botín, ya lo ha dicho Mamani sin querer claro, son las licitaciones. Las obras de infraestructura, en la gran mayoría de los casos, son las mercancías que deben pagar el dinero invertido por estos proveedores.

La pregunta clave es: ¿Quién financia las campañas electorales? La respuesta no es tan complicada, en Ayacucho los proveedores del Estado son 3 o 4. Digo los que ganan las licitaciones más jugosas, con ampliaciones pensadas antes de la elaboración del expediente técnico.

Todo esto podría sonar incluso a “perogrullo”. Alguno dirá, pero ya esto lo sabíamos. Pues sí y no, el verdadero problema es que los ciudadanos participamos cada vez menos en el proceso como está planteado ahora. Por si fuera poco hay grupos en el Congreso que pretenden monopolizar más aún la representación partidaria.

Es curioso y sintomático que la intentona de modificar la ley 26859, Ley Orgánica Electoral y la 28094, Ley de Organizaciones Políticas. Venga de un parlamentario que pertenece a un partido que superó la valla electoral con ayuda del JNE, que modificó más que sospechosamente el porcentaje de 6 a 5% para alianzas electorales. Para evitar la debacle del partido de la estrella.

Las reglas del juego del proceso electoral son cada vez más adversas para el ciudadano de a pie. Peor aún si tenemos en cuenta que en octubre del año pasado el pleno del Congreso aprobó la flexibilización de las sanciones para los candidatos que entreguen dadivas. Si antes se les expulsaba del proceso electoral ahora simplemente se les impone una multa. La ley, ¿por qué no me extraña?, la impulsó el Fujimorismo.

Pero el APRA y el Fujimorismo no se contentaron sólo con esto. Además a inicios de este año, lograron reducir las sanciones contra el financiamiento irregular de los partidos políticos. Pese a que el JNE exigió sanciones drásticas como la pérdida de la inscripción y la exclusión del proceso electoral, esto no procedió y apenas se aprobaron sanciones pecuniarias, multas que podrían ser pagadas con más financiamiento irregular.

Pero volviendo al ámbito regional. Nos hemos quedado sin alternativas razonables. Los candidatos, cantados mucho antes de la elección interna. Son en su mayoría cartas manejadas desde el ajedrez del poder.

Los que escapan a esta realidad, no tienen convocatoria y menos aún propuesta. No son más que aspiraciones trasnochadas de caudillos en decadencia.

La ciudadanía debe tomar conciencia de esta realidad, porque si aspiramos de veras a una mejor gobernanza este proceso electoral no va a contribuir a esto.

Ya no es un problema de tal o cual corrupto. Pues la ley misma está a favor de los bandidos. Es hora de que nos organicemos, de otra manera seguiremos contentándonos con maldecir desde la platea. Mientras los ladrones siguen cebándose con nuestros impuestos.

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Ricardo Rios Arias

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