Antihorario

“El ser humano es sólo un parpadeo de todo lo que ha visto”

Mil vidas, Nach Strach

Hace poco escuché decir que en unos días salgo de aquí. Se lo dijeron a Carmen, mi hermana, y creo que se sintió decepcionada. Y la entiendo. Conmigo fuera, la vida cambia, la vida golpea. Golpea realmente porque mi realidad será su pan de cada día y ya no podrá fingir que no existo o que no existe aquello que sí existe en mí. Desde hace doce años, ella ya no ha tenido que lidiar con mis noches sin sentido y mis palabras intentando explicar situaciones inexplicables, así que descansa en paz desde entonces.

Recuerdo las primeras veces en que comenzó a ocurrirme. El tiempo avanzaba en sentido horario y sentía que empezaba a confundirme. Me lo recordaba entonces: Uno, dos, tres. Cerraba la puerta. Cuatro, cinco, seis. ¿cerré la puerta? Hasta que me di cuenta de que el tiempo estaba jugando conmigo y entonces fui en anti horario. Contaba al revés y me daba paz porque ahí el tiempo no tenía dominio. Chasqueaba los dedos para recordarme esta guerra silenciosa y evitarme momentos de debilidad. Chasqueaba y contaba. Cuatro, tres, dos. Me lavaba las manos. Tres, dos, uno. Repetía para desorientar al reloj. Fue desde ese momento y hasta hoy que la percepción del tiempo y yo ya no somos amigos.

Carmen siempre estuvo conmigo aún en los días en que me miraba triste, hasta que un día empecé a romper todos los relojes de una tienda de electrodomésticos porque me asusté mucho y ella sólo lloró y empezó a gritarme diciéndome lo jodida que le estaba haciendo la vida y que quería alejarse de todo eso. Recuerdo que Carmen se desvaneció en el piso de aquella tienda y no volví a verla hasta la mañana siguiente cuando me dijo que quería llevarme a un lugar donde el tiempo no me encontraría y podría vivir sin que me moleste. Acepté. Y creo que tenía razón. Aquí el tiempo ya no me encuentra, y si lo hace y me empieza a confundir de nuevo, las pastillas se encargan de poner todo de nuevo en su lugar y volverme a esconder del mundo. Aunque los médicos dicen que los medicamentos hacen todo lo que pueden y todo lo que pueden hacer es darme momentos donde controlo yo.

Chasqueo los dedos. Es hora de ponerse alerta porque pienso que cuánto es “unos días”. Quizás es mañana o quizás fue ayer. Quizás ayer Carmen vendría y ya no vino porque la vida le cerró el reloj para siempre, como hace doce años que me trajeron acá y pensé que no la volvería a ver. Aunque luego la vi después. Lo segundo fue una victoria sobre el tiempo que me quiso hacer creer que se había agotado para ella. No murió – les digo a mis doctores. No murió. Es una estrategia del tiempo para confundirme. Uno no puede fiarse de nada.

Share this article

About Author

Aimée S. Dordán

Nosotros

Somos el primer medio de prensa digital de la región con una plataforma interactiva de noticias, medios y producción periodística dedicada a la cobertura, discusión y difusión del quehacer local, nacional y mundial.

 

Ultimas Publicaciones

Newsletter

Quas mattis tenetur illo suscipit, eleifend praesentium impedit!