¿Por qué nos quejamos y demandamos una ciudad limpia y ordenada si nuestras acciones cotidianas contribuyen exactamente a todo lo contrario?

Desde el día miércoles la Municipalidad Provincial de Huamanga (MPH) realiza acciones disuasivas para que los vehículos particulares y taxistas informales respeten la zona rígida de la plaza de armas; se propone además ampliar espacios públicos para el uso social de los individuos.

Tras la revisión de las normas y, evaluando el comportamiento social y la necesidad, se identificaron y dispusieron aquellas calles donde está permitido estacionarse temporalmente. También se identificaron las cocheras particulares que existen dentro del centro histórico, horarios de atención y capacidad. La idea es ofrecer al conductor las alternativas e información posibles para que pueda circular sin contratiempos en esta área central (que serán publicadas en las redes sociales). Adicionalmente, se colocarán elementos disuasivos e informativos, así como ornamentos que embellezcan la ciudad o que promuevan la apropiación de nuevos espacios públicos.
Hasta aquí la tarea de la municipalidad para las siguientes semanas. Sin embargo, nada de esto valdrá la pena si dos actores estratégicos no ponen de su parte:

Los conductores, que considera un derecho estacionarse “un ratito” en zona rígida. Escuchamos miles de argumentos, unos más risibles que otros y también los infaltables malcriados que creen que la bravura (de los gritos y golpes) se imponen al orden. Si reproducimos varios “ratitos”, lo que ocasionaremos es una fila de vehículos esperando clientes en los bordes de la plaza. Si la municipalidad cumple su función e interviene los vehículos, entonces los catalogan como abusivos.

El peatón también juega un rol muy importante. Se observa que, trabajadores de las entidades públicas y privadas llegan al trabajo en motos lineales, contribuyendo de esta manera a la multiplicación de la informalidad y el desorden social; justifican -como los conductores-, su accionar; hay quienes cruzan las calles por cualquier lugar, poniendo en riesgo su integridad y la de su familia, sobre todo los bebés, niños, discapacitados y ancianos. ¿Es difícil caminar una o dos cuadras para contribuir a la salud y la buena convivencia?

Nos quejamos de la autoridad local y de sus funcionarios, pero nos olvidamos de reflexionar sobre nuestras actuaciones. Creemos que la ley y el orden (si existe), solo sucede entre las 7:00a. m. y las 6:00p. m. Luego; esta ciudad, que se deteriora cada día, se convierte en la tierra de nadie. Vehículos de transporte informal estacionados en diagonal entre las calles Carlos F. Vivanco y 2 de mayo impidiendo el normal flujo de vehículos, amenazando con “desaparecer” a quienes llaman al orden; peatones, pasajeros, indiferentes ante esta actuación.

No creamos que, por tener un vehículo, tenemos más derechos que los otros; que, si voy al centro de la ciudad en un auto, significa que puedo estacionarlo donde se me dé la gana; o que por ser una entidad pública o privada está permitido burlar las zonas rígidas. Seamos empáticos y demostremos con el ejemplo que, como institución y como ciudadanos, apostamos por una ciudad para todos y todas.

Si todos ponemos de nuestra parte, quizá esta gestión no necesite de 100 días para mostrar resultados, sino solo unas semanas.

Modificado por última vez en 13/01/2019

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Lincoln Onofre

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